"AFTERSUN"

 

A veces creo que las biopics basadas en la vida de los directores llegaron para quedarse. Desde “ROMA”, “Coldwar”, “dolor y gloria”, pasando por cintas animadas como “RED” o próximamente “the Fabelmans” … es un nuevo género que ha funcionado y ahora la directora Charlotte Wells hace su debut narrándonos un poco de su vida a través de “aftersun”.


Charlotte Wells es famosa por cortometrajes donde aborda temas de salud mental y duelos, por lo que estarán avisados que su opera prima no será indiferente frente a tocar fibras sensibles, sin embargo, la manera en que se cuenta la historia hace que uno no se percate de la gravedad del asunto hasta ya muy avanzada la cinta, algo así como lo que vivimos con “las ventajas de ser invisible”, donde uno cree estar viendo algo para al final descubrir que se trataba de otra cosa. Esa “otra cosa” es la salud mental, en la cinta veremos todos los recuerdos de unas vacaciones de un padre bastante joven y su hija, y como ese viaje resulta fundamental para entender las decisiones de ambos.


La película está ubicada en los años 90´s, donde aún no hay internet ilimitado ni redes sociales. Los personajes se comunican por medio de cabinas telefónicas y crean recuerdos con cámaras digitales sumergibles en agua, de hecho, una parte de la cinta está grabada con ese tipo de cámara a fin de dar mayor realismo. Ese es gran parte del encanto, el saber conectar tan bien con esa manera tan íntima que tienen esas cámaras y como la directora ha logrado mezclar junto a la fotografía de Gregory Oke para dar esa sensación que solo podemos apreciar quienes usamos esas grabadoras o quienes llevamos a revelar rollos fotográficos luego de unas vacaciones y como esos aparatos resultaron fundamentales para crear a una generación.


Pero más allá de la magia nostálgica por lo análogo, “aftersun” juega un papel mucho más profundo; el replantearnos la importancia de la salud mental y como muchas veces podemos estar tremendamente dolidos o rotos, pero siempre hay alguien frente a quien tratamos de poner una mejor cara, no por obligación, sino por el amor que le tenemos a esa persona. Por supuesto yo me la pasé chillando recordando las vacaciones familiares y añorando a mi padre, quien murió antes de los 55 años y solo al final de su vida dijo un par de veces “ya estoy cansado”, pero antes de ello trató siempre de darnos otra cara (al menos durante las vacaciones), así pues, esta cinta nos pone en la mesa preguntas tales como: ¿Qué tanto conocemos a nuestros padres? ¿Cuándo dejan de ser ídolos para caer y abordar así una nueva relación con ellos? ¿Qué significa ser padre? ¿Qué significa ser hijo? Y un montón de existencialismos que solo caben en películas inteligentes como esta.


Como buena película indie, en “aftersun” parece que “no pasa nada”, hay escenas largas y silenciosas, cielos y nubes, miradas, muchas miradas, pequeños momentos que hasta que terminan entiendes el valor que tenían, es una de estas cintas que le llevas durante días, yo la vi el fin de semana, pero he tenido que dejar reposar mis emociones varios días para poder entender lo que vi. La historia de Sophie, ese paso de la niñez a la pubertad y todo lo que trae consigo, pero también todo lo que se deja a un lado conforme creces, el camino que toma Calum –su padre- y lo más importante, la creación de los recuerdos. Ya lo adelantaba Freud “no es tan importante lo que vivimos sino el cómo lo recordamos…”, de ahí que estas grabaciones de las que hablé, se convierten en un tesoro no solo para contar la cinta, sino para entender como esos viajes al pasado a veces nos permiten reelaborar lo que creíamos conocer, ver esos videos o fotografías viejas es como ir a análisis y descubrir algo que siempre estuvo ahí pero nunca viste, eso es lo que ocurre con Sophie y nos ocurre a todos, pues cada que recordamos algo lo recordamos de manera distinta, con otros sentimientos y posiblemente nunca de manera fidedigna. Ademas habrá que prestar atención a lo que ocurre cuando padre e hija están juntos, pero más aún a lo que vive cada uno al encontrarse solos; ella descubriendo el amor, la adolescencia, el rush por ser independiente, mientras que él se encuentra en la crisis de los 30´s, con dudas y melancolía en todos los poros de su piel.


Por último, acá la música no solo acompaña los momentos clave, sino que cada canción noventera está pensada para que la letra de la misma se funda con la escena en la que está situada y ello le da doble sabor al momento, sobre todo los últimos 20 minutos donde el film te desarma totalmente para ponerte a berrear pues su poder es tremendamente catártico sin llegar nunca al drama telenovelesco.


Cosa aparte son las magníficas, casi perfectas actuaciones de ambos personajes; el nuevo ídolo Paul Mescal como el padre atormentado y Frankie Corio como la pequeña Sophie, quienes me remitieron en todo momento a la relación de mi hermano menor y su hermosa hija. No quiero contar mas ya que cualquier escena resulta clave para el peso de la joya indie mas emocional de la temporada, ya sea el tai chi, los helados o las albercas, todo está ahí por una razón bien particular y les toca a ustedes descubrir el porqué, así que mejor corran a verla en MUBI porque es por mucho una de las mejores piezas del 2022.


Kone Arrevillaga




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