LAS NIÑAS BIEN



“Las Niñas Bien” es el primer largometraje de Alejandra Márquez Abella y aunque al inicio no tenía en mente hacer ésta entrada, luego de semanas en cartelera, más de uno me ha preguntado si no me gustó o por qué no escribí sobre ella, así que –como sí me gustó- les doy mi opinión para que vayan a verla antes de que salga de exhibición. De inicio les cuento que es una película que rebasa cualquier expectativa y más cuando la anuncian como “adaptación” de un libro muy light, pero muy leído y creo que más de uno lo ha notado, ya que la recomendación “de boca en boca” le ha funcionado y siendo una cinta Nacional y dirigida por una semidesconocida, se ha mantenido ya 3 semanas en las pantallas (y ya tan solo por eso merece la pena ir a verla).

Desde la primera escena vemos a Sofía (Ilse Salas) -a quien vimos en “Tiempo compartido” y seguramente más de uno la está viendo en la serie “Colosio”- probándose un excelso ajuar satinado para su fiesta de cumpleaños en un vestidor lleno de espejos mientras nos narra -en off- un sueño que tiene con Julio Iglesias y entonces a lo largo del film veremos eso, espejos y voces en off, mostrándonos así, una historia llena de simbolismos de ese tipo, conforme “las niñas bien” avanza, nos toparemos nuevamente con reflejos y espejos y cada uno nos cuenta el momento en el que se encuentra la protagonista, desde decenas de cristales donde se refleja, hasta pequeños espejos rotos que exhiben su desmoronamiento social. Ese, es uno de los primeros puntos sobresalientes de esta pequeña joya mexicana, el lograr transmitir las emociones y el interior de una mujer inmersa en un mundo en el que lo que más importa es lo externo. 


La película está ubicada en los 80´s, una década donde todavía en México las mujeres no tenían posibilidad de tomar el espacio público y político, eso nos queda muy claro cuando la pareja principal acude a una cena “de negocios” y escuchamos el típico “dejemos que ellos (los hombres) hablen”, así que las mujeres de esa clase social se conforman con las relaciones interpersonales vacías: donde nadie es amiga de nadie, nadie se solidariza con la desgracia de nadie; incluso un funeral es un evento social para demostrar quién tiene más vestidos negros.

Cabe mencionar que Ilse Salas está increíble como la mujer que sostiene todo el film; delgada, frágil, pero sin oportunidad de quebrarse “por el que dirán” y lo hace sin ser tampoco una mártir o una víctima, no, ella misma es parte de ese círculo y aun pasándola mal por no tener agua en casa, o al sufrir la humillación de que su tarjeta de crédito no sea aprobada en el Palacio de Hierro, ella sigue siendo clasista y diciéndole a sus hijos “no se junten con mexicanos” y usando frases como “es que no estoy acostumbrada a comprar vestidos de gala en México”.


Sumada a ella, tenemos un gran hilo de tensión y quien lo ejerce es el personaje de Paulina Gaitán (seguro la reconocerán como la esposa de Pablo Escobar en “Narcos”, la serie de Netflix) “Ana Paula”, quien entra al círculo de “niñas bien” gracias al ascenso económico de su esposo y logra ver a través de ellas, de las poses, las sonrisas falsas. No se trata de una antagonista, más bien ella representa lo que más temen estas mujeres: “un espejo”, un espejo que les escupe en la cara  una amenaza latente y cada vez más real, el hecho de que un otro (la clase “media”) se vuelva Uno mismo (suena medio Lacaniano, pero no encontré una mejor manera de decirlo).

Mi mejor amigo me dijo: “…de la crisis económica te enteras porque está en la televisión y los periódicos, pero nunca ves cómo le afecta directamente a ella…” y yo le explicaba que eso es lo verdaderamente sustancial del film; a Sofía no lo importa que el País se desmorone producto de las malas decisiones del gobierno, a ella lo que sí la destruye es la inutilidad, la violencia, la falta de firmeza y el alcoholismo de su esposo, representado por el galán de Flavio Medina.


Como punto final, el diseño de producción y el vestuario están espectaculares, nos remiten a esa época previa a la crisis donde todo era fastuoso y opulento, los autos, las pieles, fumar en el interior de los locales… todo está perfectamente bordado. Y así como nos pasó con los sonidos del afilador en ROMA, aquí reviviéremos esa época con televisores Hitachi, vestidos con hombreras falsas y autos Grand Marquis que endulzaran aún más el buen sabor de boca con el que “las niñas bien” nos deja. Así que no lo duden y corran a verla, y ojala les pase como a mí y salgan felices de ver muy buen cine mexicano.




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