Visitar el cine siempre resulta una cita contigo mismo, incluso si vas acompañado estarás minutos sin hablar, recibiendo un mensaje que nunca será el mismo para quien te acompaña, por eso, creo que al cine siempre vamos solos.
Así que bienvenidos a este espacio donde conjunto mis grandes pasiones; el cine, los encuentros con uno mismo y también un poco de mi visión atravesada siempre por el psicoanálisis.
Espero disfruten leyéndome casi tanto como yo disfruto escribiendo.
Kone Arrevillaga
"PINOCCHIO".
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Hace una semana tuve la fortuna de ver Pinocchio en pantalla
grande, y digo fortuna porque luego del escándalo donde cinemex se echó para atrás
y no la proyectó, los cines independientes salieron al quite y fue ahí donde se
podía disfrutar de esta cinta. Cabe señalar que verla en cines y en su idioma
original fue una de las mejores cosas del año. La realidad es que tenía expectativas,
pero no tantas, es decir, Guillermo del Toro se ha vuelto una institución, sin embargo,
sus últimas cintas me han dejado con sinsabores: “la forma del agua” me pareció tremendamente cursi y “el callejón de las almas perdidas” fue
bastante predecible, vaya, desde 2006 con “el
laberinto del fauno” no me emocionaba tanto.
Ha pasado una semana y aún tengo dificultad para poner en
texto todo lo que me despertó la cinta, pero mi empeño estará ahí, en
transmitirles mis emociones más allá de todo lo que leerán o escucharán sobre
Pinocchio. Seguramente escucharan que Guillermo Del Toro reinventa el texto
original de Carlo Collodi y lo transforma en un hibrido entre el Pinocchio que
todos conocemos de Disney y uno de sus tantos monstruos, pues, eso es verdad. También
escucharan que la animación stop motion
está a niveles insuperables, y efectivamente, lo que Del Toro ha logrado en la técnica
es sorprendente. Por último, también van a enterarse que la música de Alexandre
Desplat es de los mejores scores del año y que las canciones fácilmente se convertirán
en clásicos y posibles contendientes a los premios venideros; todo es también es
real.
Después de todo ello ¿Qué queda? sino hablar más allá de lo
evidente, pues bien, hablemos de la historia en sí. Ya todos conocen la
premisa; una marioneta que sueña con ser un niño de verdad y para ello debe
sortear adversidades junto a su conciencia “Pepe grillo”. Esa esencia acá se mantiene,
pero son los matices que Del Toro le ha impregnado los que la llevan a ser
diametralmente opuesta a todo lo que conocemos del niño de madera. Acá se
apuesta por la inteligencia del espectador, ya sea infante, adolescente o
adulto, se tocan temas como la vida y la muerte de manera tan explícita que
será difícil no tener a los niños haciéndole preguntas a sus padres, y es que
para hablar de la muerte Pinocchio resulta más que filosófica, pues no solo nos
presenta la perdida en sí, sino esa memoria herida que a todos los que hemos atravesado
un duelo nos queda, Pinocchio pone en evidencia esa grieta que nunca cierra del
todo, esa grieta que por ratitos se nos olvida pero cuando llega un viento
fresco o una lluvia o un momento de crisis o de felicidad nos hace tocar esa cicatriz
y recordar que hay algo o alguien que nos falta. En esa posición de falta es
donde se encuentra Gepetto, el padre/creador/carpintero de Pinocchio, y más aún,
desde ese lugar de perdida es que decide tallar al muñeco, ello por supuesto no
puede terminar bien, pero ese es el motor de la cinta.
Luego de que Pinocchio es tallado y cobra vida, se entera
que debe cubrir un lugar muy grande: “ser un buen niño” –lo que quiera que eso
signifique-, pero resulta que para ser eso (un buen niño) debe ser obediente,
puntual, responsable, estudioso, callado y honesto, solo que hay un pequeño
problema, Pinocchio no es nada de eso; él es inquieto, impaciente,
impertinente, preguntón y además, mentiroso, lo que por supuesto lo causa
bastantes problemas pues sale completamente de la norma de lo que se espera que
sea y entonces nuestro protagonista se encuentra en un dilema ¿debe dejar de
ser quien es para complacer a su padre y así obtener su amor? O ¿debe ser quien
es a sabiendas de que con ello perderá la posibilidad de ser “un niño de
verdad? Esas son algunas de las encrucijadas que deberá responder para ganarse
un lugar en la tierra de los mortales. Sin hacer spoilers, hay un momento donde
un alto mando militar observa que la figurilla no tiene hilos y le pregunta “¿Quién
te controla?” a lo que el niño de madera responde “¿Quién te controla a ti?”,
lo que por supuesto pone en jaque al militar pues bien sabe que efectivamente él
si es controlado por alguien más –a diferencia de Pinocchio que es libre-. Diálogos
así sobran en la cinta, demostrando la fuerza que tiene cuestionar todo y a
todos. Sobre ese tema creo que mucho que pensar; cuantas veces nos han dicho
que dudar del otro es de mala educación, que hacer muchas preguntas está mal, o
peor aún; que mentir es malo, que quien ama no miente, que para que haya amor
debe haber orden… todas esas premisas personalmente me resultan estúpidas,
llenas de una psicología absurda de un deber ser y una necesidad de ordenar y
controlar que parece más del lado del capitalismo que del amor, sin embargo
gracias a corrientes “psicológicas” tan de moda, la gente se ha comprado la idea
de que honestidad y amor se interrelacionan, como si fuera un axioma donde solo
puede haber una si hay la otra, y eso por supuesto es absurdo. Pinocchio ama a
su papá y a otros personajes (bastante encantadores, por cierto) pero sigue
mintiendo, sigue cometiendo errores y más aún, sigue demostrando que lejos esta
del molde y paradójicamente es ello –sus mentiras- lo que le acerca realmente a
ser “un niño de verdad”. En contraparte, nuestra marioneta conoce un grupo de
chicos que cumplen todo lo que se espera de ellos, y mientras más lo cumplen, más
se dan cuenta que quien lleva los hilos no es el títere.
Aunado a lo anterior, Pinocchio debe decidir qué camino
tomar. Acá no hay “isla de los juegos” donde –como ya sabemos- los niños se
convierten en asnos. No, acá hay algo peor, una academia donde los infantes son
manipulados para convertirse en soldados fascistas y servir a Mussolini y en
esa academia nuestro protagonista tiene muchas posibilidades de triunfar pues
lejos está de morir, pero ¿dejar su infancia y hacerse soldado es lo mejor que
puede hacer? Como ven, Del Toro ha trasformado un clásico para llenarle de
planteamientos éticos al mejor estilo de Schopenhauer y su pesimismo.
Todo eso se ve representado en esta obra de arte; padres
imperfectos tratando de criar hijos imperfectos, duelos, heridas no sanadas,
necesidad de aceptación, la búsqueda del amor y sobre todo de trascender, pues
Pinocchio descubre que solo trascendiendo es como realmente puede cumplir su
sueño, pero también descube que solo se puede trascender dejando este plano y él
es inmortal, lo que no solo le limita para poder dejar un legado, sino que lo
condena a ver partir a todo aquello que si muere, y ahí, Pinocchio nos dará otra
lección respecto a la vida frente a la muerte (o la muerte frente a la vida) de
una manera tan poética que hasta Freud envidiaría.
Pero lo verdaderamente mágico en Pinocchio es que todo esto
que les cuento se lleva de manera tan artesanal que nunca se siente densa,
perfectamente la puede ver y disfrutar un niño de 10 años que nunca ha leído a Kant,
así como un adulto que tampoco tenga noción de existencialismo. Ese es el
verdadero poder de Del Toro, ha hecho una de las cintas más filosóficas del año
y la ha hecho tan digerible que nunca te enteras de todos los preceptos morales
que están en juego.
Así que efectivamente; la animación es un sueño, la música es
increíble, el carisma de los personajes es abrumador, las voces de Ewan
McGregor y sobre todo de Gregory Mann son casi mágicas. Pero los dilemas que se
juegan y la manera en que se van o no resolviendo la hacen una cinta sorprendente,
de esas que te mantienen chillando todo el tiempo. Pinocchio no solo es la
mejor cinta animada en años, es también uno de los mejores trabajos de Del Toro
en décadas y si, es una de las grandes joyas de este año, así que, si aún no la
han visto, dejen de leerme y corran a verla en Netflix.
Kone Arrevillaga, tienes esa forma de expresar ( lo visto y lo leído) tan a tu manera, que casi creo que estoy leyendo un poema. Pues está sensibilidad descriptiva es tu escencia. No importa lo que haya filmado Del Toro, no importa lo que haya escrito Kant, no importa lo que a los ojos de Shopenhauer sea el pesimismo, cuando tu lo describes, es como si pusieras la cereza en el pastel, o el moño en el regalo. Siempre acomodando lo todo, enmendado todo sacándole brillo a lo hecho o dicho. Eres un ser escepcional, raro y maravilloso. Ojala te dedcaras a escribir, yo, leería todos y cada uno de tus libros, estoy segura que sería lo mejor que haya leído en mi vida. Tqm.
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Kone Arrevillaga, tienes esa forma de expresar ( lo visto y lo leído) tan a tu manera, que casi creo que estoy leyendo un poema.
ResponderBorrarPues está sensibilidad descriptiva es tu escencia.
No importa lo que haya filmado Del Toro, no importa lo que haya escrito Kant, no importa lo que a los ojos de Shopenhauer sea el pesimismo, cuando tu lo describes, es como si pusieras la cereza en el pastel, o el moño en el regalo.
Siempre acomodando lo todo, enmendado todo sacándole brillo a lo hecho o dicho.
Eres un ser escepcional, raro y maravilloso.
Ojala te dedcaras a escribir, yo, leería todos y cada uno de tus libros, estoy segura que sería lo mejor que haya leído en mi vida.
Tqm.
Siempre me despiertas la chispa para ver las cintas… saludos
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